BILLY WILDER:   Conozca a uno de los más destacados directores norteamericanos de la historia.

 

A los espectadores no les gusta verse reflejados en la pantalla, en una obra de teatro o en un libro, pues les repugna la idea de haber sido descubiertos por el creador de la obra que contemplan.

La mayoría de la gente que asiste a espectáculos o que diletantemente se acerca al arte, lo hace en busca de entretención. En caso de que en algún momento se encuentren frente a una obra de arte, sabrán que la función de ésta no es entretener, sino hacer una propuesta intelectual, que tendrá por finalidad elevar la sensibilidad del espíritu, así como de dignificar la vida del hombre, aunque sea brutalmente, para que éste entienda y aprenda de una vez por todas.

En el caso del cine la propuesta artística es mucho más difícil, puesto que las imágenes en movimiento fueron creadas para satisfacer la curiosidad y entretener, y este lastre de la “entretención” ha sido tremendamente perjudicial para el criterio del espectador, pues se ha llegado a confundir la basura entretenida con el aburrimiento intelectual, y se han extrapolado valores y estéticas que no han hecho otra cosa que agudizar más la ignorancia y la falta de criterio.

El público, la masa, manda; de ella dependen las ganancias obtenidas por una película y, según los productores, hay que darle a la gente lo que ella pide. Historias sencillas, fáciles de seguir, con pocos personajes, con tramas de breve duración que dan paso a otras igual de breves y simples, diálogos chispeantes y cortos, belleza femenina y música climática. En este sentido Stendhal, James, Dostoievski, Pushkin y Tolstoi, de haber trabajado en el cine norteamericano, habrían fracasado rápidamente. Pero otro europeo impuso su visión, con historias escalofriantes y  políticamente incorrectas. Marcó un rumbo a seguir 20 años antes de tiempo, cuando el cine americano apostaba por un mundo color de rosa. Ese hombre fue Samuel “Billy” Wilder, maestro en mostrar la arrogancia, la maldad, el sadismo, la vileza y la miseria del alma humana, con un absoluto y encantador desprecio hacia la multitud, la masa, el hombre común.

Este realizador, nacido en Sucha, una pequeña ciudad de Galitzia, el 22 de junio de 1906, comenzará sus aventuras como periodista en Viena; luego se trasladará a Berlín, se alquilará como “boy” o bailarín de restaurantes caros y conocerá la decadencia de los años 20 en la capital que será sacudida por el nacionalsocialismo.

Siendo de origen judío, tendrá que marcharse a Francia una vez que llegue Hitler, y deberá vivir el resto de su existencia con la pena de haber perdido a su madre en un campo de concentración. Y justamente será su madre quien lo apodará Billie (más tarde Billy) en honor a Búfalo Bill, héroe que admiraba, pues una parte de su juventud la vivió en EEUU.
Tras participar en una docena de filmes alemanes como guionista, y de haber co dirigido con unos amigos un experimento neorrealista llamado Gente en domingo, en 1930, por su paso en Francia dejó la película Curvas peligrosas, en 1934. Luego sus amigos exiliados en EEUU le ofrecen irse a Hollywood, donde seguirá su labor de guionista. Llegará a trabajar a Paramount Pictures y recién en 1942 realizará su primer filme americano, El Mayor y la Menor.

El motivo que llevó a Wilder a querer dirigir fue el hecho de que los directores alteraban sus guiones, cosa que le disgustaba terriblemente, ya que este inmigrante tenía la convicción de que el guión debía ser de hierro, esto es, inalterable y preciso. Luego de haber escrito algunos guiones que resultaron ser películas tremendamente buenas, como Ninotchka y Bola de Fuego (dirigidas por Ernest Lubitsch y Howard Hawks respectivamente), Wilder aprende a dirigir mirando a los técnicos y realizadores. Se siente con una confianza desbordante y pide a Paramount el sitial de director. El Mayor y la Menor es un éxito de taquilla y crítica y sitúa rápidamente a Wilder en una posición ventajosa, pues podrá tener acceso al final cut de sus filmes, y seguir colaborando con Charles Brackett, su compañero guionista.

La década del 40 pasa con filmes notables como Días sin Huella, Perdición, Cinco Tumbas a El Cairo, Berlín Occidente y otras menos notables como El Vals del Emperador.
Al iniciarse los 50 su reputación de sádico, cínico, cruel, despiadado y realista (que demuestra a través de sus películas) ya está consolidada, pero harán falta dos filmes que terminen por catapultarlo hacia la incomprensión: Sunset Boulevard y The Big Carnival.
Mientras que en El Mayor y la Menor el tema de la atracción sexual pedófila estaba  muy marcado (pero de una manera cómica, pues de otro modo la película habría sido prohibida) y en Días sin Huella y Perdición los personajes masculinos están condenados inexorablemente al fracaso y a una vida atravesada por el hastío, Sunset Boulevard y The Big Carnival darán zancadas mucho más allá de lo tolerable. En la primera de estas cintas un cínico y fracasado guionista cae accidentalmente en la mansión de una olvidada estrella de cine mudo. Se convierte en un gigoló y se aprovecha de esa mujer mientras tiene romances con una joven aspirante a guionista. Por lo tanto, al ser descubierto, es asesinado por la ex diva. Y lo novedoso de esta película es que está narrada en Flash Back por el personaje principal, interpretado por William Holden, aunque sabemos que está muerto. Nos habla desde el más allá, reflexionando acerca de su vida y acerca de Hollywood.

La radiografía más descarnada y triste sobre el mundo  del cine, desde el cine, es un ejercicio de nervios e hiperventilación, pues ahí todos son ellos mismos: Gloria Swanson, Erich Von Stroheim, Cecil B. DeMille, Buster Keaton, Hedda Hopper, y todos son mostrados en su más desnuda realidad; olvidados algunos, tiránicos otros, pero fielmente reflejados en esta ácida crónica sobre una época que ya murió. Swanson, gloria del cine mudo, asesina al guionista Holden, artífice del cine sonoro y del diálogo. La venganza está cumplida.

Si la falta de honradez, decencia y principios morales estaban ausentes en esta cinta, The Big Carnival daba un salto en garrocha hacia la amoralidad. En esta ocasión un periodista fracasado llega a un pueblo miserable para sobrevivir, mientras le llegue una oportunidad que lo devuelva al estrellato. Y esa oportunidad la representa Leo, un hombre que quedó atrapado en una caverna, que resulta ser una tumba india. Leo sacaba las indumentarias de la tumba para venderlas, y se ha producido un derrumbe. Chuck Tatum, el periodista, se entera de esta situación, y en vez de ayudar al hombre lo deja sepultado una semana, el tiempo que necesita para vender “su noticia”.

Nunca una película ha resultado ser tan amarga y tan fehaciente; tan políticamente incorrecta y falta de condescendencia con el espectador, porque Wilder se ensaña contra la sociedad, ella es la amoral, ella es la morbosa que disfruta con la tragedia ajena, y que le hace ganar dinero a los medios de comunicación que tratan la noticia como si fuera un producto al que hay que sacarle provecho antes de que la gente deje de interesarse.

El fracaso fue rotundo. Paramount perdió el dinero invertido y se alejó de Wilder por dos años. Y cuando todos pensaban que este vienés había recuperado el sentido común de Hollywood, nos llega con Stalag 17, una historia basada en una obra teatral que Wilder satirizó y amargó aún más. Seffton es un prisionero americano en una barraca de oficiales durante la Segunda Guerra Mundial. Los Nazis controlan cada una de las barracas y en esa en particular, hay un espía. Seffton es el sospechoso perfecto, pues él tiene un trato amable con los guardias y maneja el contrabando de cigarrillos y alimentos. Organiza carreras de caballos con ratones y apuesta cinco cajetillas de cigarrillos a que los amigos que van a fugarse serán ametrallados a la salida del campo. Como pueden ver, otro personaje desgraciado y amoral, sin sentimientos ni escrúpulos. Por suerte la obra teatral gozaba de prestigio, lo que evitó que esta película se fuera nuevamente a la basura.

En ese momento Wilder opta por la comedia pura, y bien conocidas serán sus películas con Marilyn Monroe y sus cintas con Jack Lemmon y Walter Matthau. Realizará Sabrina, con Bogart, Holden y Audrey Hepburn; Amor en la tarde, con Gary Cooper y la Hepburn; Piso de Soltero, Irma la Dulce, 1,2,3; y otras cintas que no fueron bien recibidas, pues ya nadie estaba dispuesto a aceptar el humor cruel, el juego de apariencias y la incertidumbre sexual que planteaba este realizador.

Ante todo el cine de Wilder es moralista y antiheroico. La acción está dominada por la palabra y un muy discreto, pero eficiente, manejo de la cámara, con planos de una gran intensidad dramática, logrados sin recurrir a preciosismos técnicos. Esto deriva de que Wilder nunca utiliza la palabra para decir algo que ya transmiten las imágenes. Rara vez el lenguaje, frases o relatos enteros se utilizan como sustitutos de secuencias no rodadas, ni siquiera en películas con un narrador en off; pocas veces los diálogos continúan la acción. Las palabras de Wilder descubren una dimensión nueva e independiente de sus películas. Junto a la historia escenificada, aparece otra, creada a través de los diálogos, soliloquios, chácharas o parloteo. A menudo sus (anti)héroes se encuentran mucho más cómodos en esas historias que en las situaciones escenificadas, ante las que se comportan como extraños.

Las palabras tienen una calidad especial, casi material para este antiguo periodista, ya que las utiliza como si fueran las únicas herramientas que permiten a sus personajes escapar de las circunstancias agobiantes y de las estructuras petrificadas. Son las palabras que le dan a sus películas esa ligereza, esa elegancia, ese toque especial, porque las palabras pueden volar con rapidez, se deslizan y giran con mayor elegancia que cualquier cámara.

Por eso, el que quiera participar en esas historias, construidas en base a palabras y frases que aparecen en las películas de Wilder, tiene que participar, tiene que seguir imaginándose las frases y las historias; tiene que justificar lo imaginario con su propia fantasía, tiene que rellenar en la pantalla los huecos que aparecen entre las palabras y las imágenes. Sólo entonces la película estará acabada.

El cine de Wilder no tiene concesiones con la audiencia, en todo momento pone a ésta a prueba, y la obliga a mirarse, reflejarse en esta pantalla demoníaca que trasluce todas las debilidades del hombre, porque el cine, como todo arte, tiene que dignificar al  ser humano, incluso a palos. Si duele, tanto mejor, habremos aprendido la lección.

Billy Wilder, fallecido en el 2002, cultivó un tipo de cine hecho desde el dolor, desde el propio reconocimiento de la miseria humana. Aparentemente la frivolidad y vulgaridad de algunas de sus películas puede parecer chocante, pero no debe negarse que la imagen del hombre que nos muestra en cada una de sus cintas, es la de un hombre hastiado de su sistema de vida, cansado de tener que cargar con una imagen perfecta, del estereotipo de la virtud. Por eso en La Vida Privada de Sherlock Holmes, cuando él se ha enamorado de una mujer que ha resultado ser más astuta, y además ser una espía alemana que será ejecutada por traición, Holmes se queda sin palabras, se encierra en su habitación y se droga. Watson no puede evitarlo, sufre por su amigo, y lo único que le queda es diluir la cocaína para que Holmes se haga el menor daño posible.

Jaime Córdova Ortega

JOHN CARPENTER: La nostalgia se apodera de la sección DELIRIOS DE CINE.
MICKEY ROURKE: La historia de redención de un luchador.
 

FILMOGRAFIA

1974 - The Front Page (Primera plana)
1972 - Avanti! (¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?)
1970 - The Private Life of Sherlock Holmes (La vida privada de Sherlock Holmes)
1966 - En bandeja de plata (The Fortune Cookie)
1964 - Kiss Me, Stupid (Bésame, tonto)
1963 - Irma la Douce (Irma la dulce)
1961 - Uno, dos, tres (One, two, three)
1960 - The Apartament (El apartamento / Piso de soltero)
1959 - Some Like it Hot (Una Eva y dos Adanes / Con faldas y a lo loco)
1958 - Witness for the Prosecution (Testigo de cargo)
1957 - Love in the afternoon (Amor en la tarde / Ariane)
1957 - The Spirit of St. Louis (El héroe solitario / El vuelo del águila)
1955 - The Seven Year Itch (La tentación del séptimo año / La tentación vive arriba)
1954 - Sabrina (Sabrina)
1953 - Stalag 17 (infierno 17 / Traidor en el infierno)
1951 - Ace in the Hole (Cadenas de roca / El gran carnaval)
1950 - Sunset Boulevard (El crepúsculo de una vida / El crepúsculo de una estrella / El crepúsculo de los dioses)
1948 - A Foreign Affair (Relaciones Exteriores / Berlín Occidente)
1948 - El vals del Emperador (The Emperor Waltz)
1945 - The Lost Weekend (Días sin huella)
1944 - Double Indemnity (Pacto de Sangre / Perdición)
1943 - Five Graves to Cairo (Cinco tumbas al Cairo)
1942 - The Major and the Minor (El mayor y la menor)
1934 - Mauvaise graine (Curvas peligrosas

 

 

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