CRÍTICA DE CINE – “Una Mujer Fantástica”

En poco más de una década pareciera que el cine chileno se ha ido decantando en dos ramas principales:

La primera es la rama del humor que se construye principalmente en base a personajes y temáticas cuyo éxito ya ha sido probado en la televisión (Kramer, Radio Corazón, Buenos Días Buenas Tardes o todas las películas protagonizadas por el elenco de “Casado con Hijos”) y cuya dudosa calidad artística (si es que la tienen) los hace parecer el equivalente fílmico de ver un sketch de Morandé con Compañía.

La segunda rama es diametralmente opuesta y se basa en el trabajo de un grupo de directores sumamente restringido y bastante homogéneo, nacidos a mediados de los setenta y que han estado creando un tipo de cine que pareciera apelar más a la sensibilidad europea que a la chilena.

El listado de películas de este tipo es largo, pudiendo detectarse sus orígenes alrededor de 2005 con “Play” de Alicia Scherson, pasando por “Post Mórtem” de Pablo Larraín, “Bonsái” de Cristián Jiménez y siendo su último exponente “Una Mujer Fantástica” de Sebastián Lelio.

La película parte en forma promisoria, con Francisco Reyes por fin luciéndose frente a la cámara y con una Daniela Vega impecable, ensalzados por el gran manejo narrativo que Lelio ha venido construyendo desde hace años y que ya se podía apreciar en “La Sagrada Failia”, su primer filme.

La trama es simple: un hombre adinerado, Orlando, ha dejado a su familia y amigos de lado y ahora vive en pareja con Marina, una mujer transgénero 20 años menor que él. Súbitamente Orlando muere, dejando a Marina en una situación compleja, donde debe enfrentarse a la familia de Orlando, a la PDI que desconfía de ella y al dolor que siente por la muerte de su pareja, en un viaje por callejuelas y tugurios de Santiago Centro llenos de personajes y situaciones que la llevarán a subirse a un barco pirata de (casi totalmente) emociones negativas.

La película exuda belleza, desde la impecable fotografía de Benjamín Echazarreta al arte de Mario Ricci. Como siempre, Soledad Salfate se luce en montaje y Tomás Roca logra crear interesantes efectos visuales en este relato que nada entre lo onírico y lo emocional.

Daniela Vega actúa en forma precisa, impecable, en tono con el resto de la película, lo cual también nos habla de un Sebastián Lelio en la plenitud de sus capacidades.

La película, técnicamente hablando, no carece de falencias: argumentalmente se plantean algunos hilos narrativos que no llevan a nada, escenas que lloraban por ser crudas son mostradas con demasiada cautela y la (buena) participación de Francisco Reyes deja una sensación de “¿y para qué lo mostraron al principio de la película, entonces?”.

Sin embargo, creo que el peor enemigo de la hermosa “Una Mujer Fantástica” es, justamente, su hermosura.

Algo no cuaja, de la misma forma que no cuaja la representación que Wood hace de Violeta Parra. Lo mismo que ocurre con los apáticos personajes de Jiménez en “Bonsái” o Larraín en “Post Mórtem”.

El mundo que narra el filme tiene su base en Chile, cierto, pero ninguna de las situaciones o actitudes de los personajes se condicen con una realidad chilena. Es como ver a personajes franceses interactuando europeamente en Chile. Es como si hubiese habido un guión sumamente crudo y visceral aterrizado a cómo sería la realidad de un transexual en Chile, pero que ha sido reescrito por un intelectual europeo burgués.

Desde la curiosa aceptación o “paciencia” que presentan algunos personajes frente a la presencia de Marina a la deslavada violencia que sufre, toda la película habla de contención, de una especie de “pisar huevos” a la hora de construir el relato bajo la premisa de “esta no es una historia de un transexual, sino una historia de amor” que a su vez nos deja claro lo sumamente inteligente que ha sido Lelio al construir su cinematografía.

Al igual que Jiménez o Larraín, Lelio comenzó su trabajo creando historias y puestas en escena que de alguna forma lograban tocar una fibra mucho más acorde al “alma” (a falta de una palabra menos cursi) chilena pero que con el devenir del tiempo se ha tornado mucho más del gusto de los Fondos Concursables y los premios en Europa.

Francisco Reyes, Daniela Vega y Sebastián Lelio en Alemania

Si lo pensamos bien, en realidad no es una mala estrategia. Cuestionable, sí, si uno es un purista de la idea de que todo arte chileno tiene que tener al chileno como público en mente, pero no podemos olvidar que Lelio quiere vivir de su cine, y para ello se necesita financiamiento, y en un país como el nuestro eso significa FONDOS ESTATALES con mayúscula.

¿Y qué películas financia el Gobierno? Aquellas que le permiten crear una “imagen país”… en el extranjero.

¿Y cuál es esa imagen país? La del cine de Scherson, Lelio, Jiménez, Larraín o Torres – Leiva, la de un país que, pese a tener problemáticas tercermundistas, igual logra un nexo con el europeo a través de personajes, puesta en escena y mecánicas dentro de la trama.

Y funciona: antes siquiera de su lanzamiento internacional, el último filme de Lelio ya tiene asegurada su distribución internacional vía Sony Pictures.

Es así como “Una Mujer Fantástica” se une a la larga lista de filmes creados bajo una lógica financiera y de distribución cuyo objetivo es mostrar a Chile como un Francia o Alemania pobre, con muy buena factura.

No puedo cerrar esta crítica sin mencionar que el señor Lelio una vez nos envió un saludo:

LARGA VIDA

Por: David Vega

 

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